Un sandwich con huevo
Aquella tarde la cafetería estaba casi vacía y mientras yo me manchaba los dedos perfilando el borde de la taza de café que todas las tardes me tomaba en aquel mismo asiento, en aquella misma mesa, junto a aquella misma ventana, ella había usurpado mi lugar (sí, en aquel asiento, en aquella mesa, junto a aquella misma ventana) convirtiendo una tarde cualquiera en un amasijo de nervios en las manos, de rabia en los ojos y de desesperación. ¡Que se vaya! Y cuanto antes mejor. Que me deje mi lugar en la cafetería y releer los primeros versos de este nuevo libro, que aquí no puedo abrirlo, no hay suficiente luz, hay demasiado ruido (me molesta el ruido de la máquina de caf
Íntimo y personal
En el lugar del que vengo las nubes, que nos visitan sólo de vez en cuando, no miden más del equivalente al uno cincuenta de la medida de la altitud. Son nubes bajas, ínfimas comparadas con sus primas madrileñas, y han aprendido el arte de disfrutar de las cosquillas de los pinos en el vientre y del eco de la música de taifas que desciende por los barrancos.Allí basta con elegir un avión al que le guste volar más o menos alto para atravesar el manto de nubes por el hueco de algún ombligo y tenderse a coger el sol a temperaturas de más de 25 grados centígrados sobre la alfombra rosada que surge de los rayos de sol que se entretie
Dos entierros
Quiero una pierna rota, una vía muerta, una historia ya vivida, un antihéroe tópico, una sonrisa forzada, un condón usado, una escalera mecánica sin electricidad, un infierno para jugar a los bolos, quiero dos entierros, una vía forzada, una historia mecánica sin electricidad, un condón roto, una escalera ya vivida, una pierna muerta, una sonrisa usada, un antihéroe para jugar a los bolos, un infierno tópico y dos entierros, uno por cada uno de los días que pienso llorarte y ni uno más.
Índigo
Por la ventana del pasillo entra la luz de la luna esta noche, como todas las noches en las que la luna me castiga y me desata y no se apiada de mí mientras revuelve mis pensamientos con jirones de locura, de reflexiones y de sueños, mientras me traspasa su locura, así a cuentagotas, con la punta de los dedos, con las páginas de todos los diarios que nunca llegué a escribir. En estos días, la imagen irreal de las sábanas tintadas por los haces de luna es el detonante para poner en marcha los conjuros de todas las brujas urbanitas que continúan vivas en el
Mi pequeña muerte
Para esos lectores anónimos que siempre me leen,y para Dani, por sus inestimables consejos.Mi orgasmo es una noche de fuegos artificialesy ese hormigueo, continúo, cauto,apenas audible,que comienza alláen la punta de los dedos de los piesque recorre esos lugares que pensé inexistentes,en el rincón luciérnaga de la máculaque ilumina mis ojos.Es una explosión perfecta de caramelos