Temible operario del recontraespionaje
LOS AUTÉNTICOS ESPÍAS DE TUS RECUERDOS
Te estoy mirando desde mi omnipresencia. Un espía también juega a ser Dios. Sigo los mismos pasos, escribo y planeo la estrategia. Al final nunca te busco porque corro el riesgo de encontrarte. Así somos los exponentes del enternecedor arte del espionaje fallido: al final lo conseguimos sin saber cómo. Somos espías y antihéroes, sin superpoderes pero siempre con una kriptonita. Como el torpe Maxwell Smart o c
Dame tu fuerza, Pegaso
CON USTEDES EL ÚLTIMO DIBUJO ANIMADO QUE VI CON FERVOR
Soy capricornio pero siempre quise ser Sagitario. La armadura dorada que aterrizaba cuando Seiya convertía sus enfrentamientos en salas de urgencias fue mi sano objeto de deseo en años adolescentes. Ese cobertura de oro, que dejó el caballero más valiente Aioros, tenía el arma que a otros les faltaba y además te asesinaba con su condición de ser letal. Los Caballeros del Zodiaco
Sí me simpatizas
ESTE ES UN HOMENAJE Y UN RECLAMO PORQUE NUNCA DEBISTE IRTE... NUNCA
Me simpatizas porque también disfracé mi inseguridad de niño solitario con un juguete enorme y superior. Me simpatizas porque de alguna manera empatamos en el síndrome del padre ausente. Tú papi viejo (porque Jirafales es tu papi nuevo) descansa en pez (se lo tragó un tiburón) mientras que el mío viajaba tanto que algún día lo imaginé perdido en algún mar abierto. También presumí
Cuando tenga que partir
Foto: Miguel Bellido / Archivo El Comercio
DESVARÍOS DE 31 DE OCTUBRE
Aprendí a tocar cajón a los 14 años pero un par de calendarios antes improvisé cucharas en mano y con la voz intacta. Sin cigarros y sin vergüenza. Cuando comencé la secundaria dejé de disfrazarme cada 31 de octubre. Una profesora de Educación Cívica nos explicó que ese día se celebraba la música criolla y tomamos conciencia de eso muy tarde. Fue urgente aquel concurso de talentos para sentir la rima y el ritmo de ser peruano. Eran años alienados,
Negritos lindos
Con ustedes el duelo del siglo: Arnold vs. Webster
Ese niño siempre quiso saber tanto como sus hermanos mayores. No escuchaba a papá o mamá con ese prometedor discurso de “Pedro, tú también tendrás tu momento”. Le importaba muy poco eso, trataba de leer lo que aún no podía leer bien, buscaba entender lo que aún no era apto para
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