Desconexión
No tiene tiempo. Sale sin tomar nada, después de la ducha y de calzarse las botas con los calcetines de ayer porque no puede recordar en qué cajón guarda los limpios; el habitáculo es tan pequeño y tiene tan pocos candidatos que todos están a medio minuto de la comprobación, pero medio minuto es una eternidad lenta, irritante, un muro.
Afuera, la mañana de diciembre podría ser cualquier otra. Las franjas del corredor, interrumpidas en las junturas de los mamparos, están cambiando del negro de la noche al azul del día, que al cabo de ocho horas será naranja. No siempre es así; el sistema admite tonalidades distintas según las estaciones, lo cual sorprende a los via
El personaje de G.
1. El personaje de G. se ha sentado en la cornisa del último piso. No está completamente loco; la cornisa es firme y, por si acaso, mantiene los brazos en el antepecho. Existe un buen motivo para que el personaje de G. suba de vez en cuando hasta aquí, aprovechando un portal que no cierra, y destine su tiempo a despreciar el vacío: hay pocos sitios donde le cuelguen los pies. Por eso se cuela en la casa, sube por la escalera para evitar a los vecinos, cruza la azotea, salta el pretil y se sienta. Queda el asunto del vértigo, pero casi lo agradece.
2. En cierta ocasión, tras ciertos recovecos, alguien propuso entrar en la roja por un muro al que entonces se podía s
En espera
Parece que entramos en época de manifiestos. Nada que objetar. Otra política, otros valores y todo el aparato estético de rigor, que es más o menos bueno pero que nunca, ni una sola vez hasta ahora, incluye lo que espera la gran mayoría de españoles sometidos a salarios indignos, condiciones laborales tercermundistas y la imposibilidad de sobrevivir en el reino de la especulación: medidas concretas y movilizaciones a su altura. Por eso, mientras en el resto de Europa occidental empiezan a surgir respuestas ante el suicidio de la socialdemocracia, en España s
Tres puertas
1. Cerca de aquí, donde yace la fuente de los Caños del Peral, estuvo la Puerta de Balnadú. Según unos, su nombre era derivación de las palabras latinas Balnae due, por su cercanía a los baños públicos; según otros, de Bal al Nadur, que significa puerta de las atalayas o puerta de la frontera del enemigo. Y muy cerca de la Puerta de Balnadú, también llamada del Diablo, la dama que durante un mes estuvo buscando a, instigando a, tentando a y en suma coqueteando con F., treinta y nueve años, mileurista, le dice que los besos no eran beso
Una escapada
1. El cielo se abre por el noroeste, hacia Zamora, y rompe en cuña buscando Salamanca; es una franja estrecha, pero suficiente para que los rojos se extiendan a las nubes del norte y señalen Valladolid, que casi se adivina. El paisaje ha cambiado hace unos minutos; el horizonte se ensancha y los oteros, mesas y páramos de la zona parecen sostener el frente de nimboestratos hasta el último metro del último kilómetro de la Tierra. Pasadas las ocho, ya en la estación de autobuses, cruzo la calle, giro a la derecha y entro en el café de la calle del arco. No llueve, jarrea.
2. Faltan dos días para la Seminci, así que la Valladolid de